¿Por qué escribir sobre historia de la asexualidad? Cuando escribí el manual, me di cuenta de que se negaban las identidades del espectro ace porque “eran una invención de Internet”. Ya en ese momento, escribí una breve historia de la asexualidad para visibilizar que existíamos antes de AVEN y que siendo un hito importante para la comunidad, nuestro camino no empezó ahí. Pero ese texto se encuentra en el manual por lo que no es de acceso abierto. Solo mis lectores han podido tener acceso a ese texto. No soy la única que ha escrito sobre historia, pero me da por pensar que esos textos están publicados en libros, en estudios científicos y en hilos de Twitter en inglés que quizá no han llegado a todas las personas que debería. Es por eso que publico aquí lo que escribí en mi manual, junto a otras fuentes que iré mencionando.

A menudo, se excluyen a las identidades del espectro ace del ámbito queer, especialmente si hablamos de historia. Esto deja espacio para que, como he comentado, se nieguen las identidades ace como algo de Internet y de reciente creación, cuando no es así. Las personas ace no hemos aparecido de la nada, sino que no éramos visibles. Como dice Sherronda J. Brown, “las personas asexuales llevan mucho tiempo habitando este mundo, desde mucho antes de que se nos denominara asexuales”. Ella ha sido una de las fuentes para este post, con su libro Refusing Compulsory Sexuality, pero no ha sido la única. Celia Gutiérrez también ha escrito sobre historia en su libro La Revolución Asexual. Waters escribió en 2020 en Slate, sobre “Finding asexuality in the archives”. Y Katz también escribió en 2020 sobre historia, en la introducción de “The reverend Carl Schegel”, en OUT History. Pero estas son solo unas pocas de las fuentes que he utilizado en este post.

Siguiendo con las palabras de Sherronda, “la falta de preservación y enseñanza en relación con la historia asexual no significa que la historia no está ahí. Significa que se ha descuidado; no se ha cohesionado”. Así que aquí os comparto un intento de cohesión. Y digo intento porque hay datos que no he incluido por tratarse de patologización. He leído bastante sobre textos anteriores de 1900 que hablaban de frigidez, frialdad sexual, anestesia sexual y demás. Y tampoco he incluido muchos datos de historia reciente, después de la creación de AVEN porque esa parte de historia es un poco más conocida. Aún así, lo que queda claro es que las personas del espectro ace hemos existido siempre y que hemos formado parte de la comunidad queer desde hace tiempo. En este sentido, Waters indica que la identidad asexual ha formado parte del activismo queer desde hace más de cien años.

Lamentablemente, sin el esfuerzo de cohesionar y visibilizar la historia de la asexualidad, se puede leer que “antes de 2004, el término asexualidad solo se usaba para referirse a los patrones reproductivos de organismos unicelulares” 1, lo que es incorrecto. Solo referido a estudios científicos, hay estudios que describen la asexualidad como una orientación sexual antes del año 20002. Pero vayamos muchos más años atrás. Katz encuentra “resonancias asexuales” en los documentos escritos por la poeta francesa del siglo XVII Catherine Bernard y en los documentos escritos por la sufragista británica Elizabeth Wolstenholme Elmy en el siglo XIX.

En 1869, Karl-Maria Kertbeny, periodista austrohúngaro, escritor de memorias y defensor de los derechos humanos, publica panfletos contra las leyes prusianas contra la sodomía. En estos escritos, Kertbeny distingue entre tres categorías principales: monosexuales (masturbadores u onanistas que sólo tienen relaciones sexuales consigo mismos), sexuales normales (que tienen relaciones sexuales con miembros del otro sexo) y homosexuales (que tienen relaciones sexuales con miembros de su propio sexo). También alude a los anfisexuales o los doblados (die Doppelten), que tienen relaciones sexuales con personas de ambos sexos3.

En 1895, la reformista sexual alemana Emma Trosse publica Der Konträrsexualismus in Bezug auf Ehe und Frauenfrage (La sexualidad contraria en relación con el matrimonio y la cuestión de la mujer), en el que argumenta contra la idea imperante de que las sexualidades “contrarias” a la heterosexualidad son antinaturales, afirmando que “la propia madre naturaleza” había creado la diversidad sexual, incluida la homosexualidad y los “neutrales”, es decir, los individuos que no poseían deseo sexual alguno4.

En 1896, el sexólogo alemán Magnus Hirschfeld publica el folleto Sappho und Sokrates (Safo y Sócrates), en el que afirma: “hay individuos que carecen de deseo sexual” y los denomina “Anästhesia sexualis”. Continúa afirmando que esto no es algo que se pueda cambiar. Tampoco es posible evocar artificialmente el tipo de pulsión que no existe o casi no se nota. En caso de una atrofia completa no hay forma de que se desarrolle espontáneamente. Sin embargo, si ya existe una disposición mental hacia ella, puede aumentarse mediante la educación, el ejercicio, el ejemplo, la seducción y la sugestión. Podemos despertar pulsiones dormidas, siempre que sus brotes sean lo suficientemente grandes, pero nunca podremos crear otras nuevas5.

En 1897, Emma Trosse revisita sus argumentos en Ein Weib? Psychologischbiographische: Studie über eine Konträrsexuelle (A woman? Psychological-biographical study of a contrary-sexual). En este trabajo, acuña el término “senseless” para referirse a las personas sin sensualidad o aquellas sin deseo sexual o intereses eróticos, que se centran en llevar una vida laboral apasionada6. Un poco más adelante, Emma Trosse compartió que formaba parte de lo que ella llamaba “senseless”7.

En 1907, Carl Schlegel, un pastor protestante defensor de la diversidad sexual, menciona “que las mismas leyes para todas las etapas intermedias de la vida sexual, los homosexuales, heterosexuales, bisexuales y asexuales sean legales tal como existen ahora para los heterosexuales”8. En ese mismo año, la Westminster Review publica “An Interrogatory Note on the Franchise of Women” del ministro unitario John Lionel Tayler, en la que predice que “las mujeres masculinas y asexuales” harían descarrilar el movimiento por los derechos de la mujer9. Y también en el texto “A Form of the Human Sexual Drive Not Hitherto Observed”, el médico alemán Hermann Oscar Rohleder define el “automonosexualismo” como el que se produce cuando la excitación y la satisfacción sexual tienen lugar sólo a través del compromiso de una persona con su propio cuerpo, o masturbación10. Es decir, se refiere a personas ace que se masturban.

En 1920, Magnus Hirschfeld usa el término asexual en “The Role of Homosexual Men and Women in Society”, mencionando que “debemos, si esto fuera posible, describir a filósofos como Kant como asexuales”.

En 1948 y 1953, Alfred Kinsey incluye la categoría X para hombres y mujeres cisexuales que no han mantenido relaciones sexuales y no tienen respuesta ante estímulos eróticos en sus estudios. En sus estudios dice “hay otro grupo de varones… que son apáticos. Nunca, en ningún momento de su historia, han dado pruebas de ser capaces de nada, excepto de bajos índices de actividad. Se trata de personas a las que se describiría, en sentido figurado, como de bajo deseo sexual. Independientemente de que los factores sean biológicos, psicológicos o sociales, lo cierto es que esas personas existen”.

En 1952, la revista Tranvestia publica una descripción de lo que denomina el “Rango A-sexual”, señalando que “hay personas que simplemente tienen una libido muy baja, sin deseo sexual”11. Esto se puede considerar como el primer paso hacia el espectro ace.

En 1967, ocurre lo que podría ser la primera mención de la asexualidad en la política estadounidense cuando el Tribunal Supremo responde a los intentos del Comité de Investigación Legislativa de Florida de discriminar por razón de la sexualidad, declarando: “mientras el Peticionario no se entregue a una conducta que viole las leyes de Florida, tiene el derecho constitucional de entrar en un bar y asociarse con quien le plazca, sean sus asociados heterosexuales, homosexuales o asexuales”12.

En 1969, Anton Szandor LaVey afirma en su biblia satánica que “el satanismo aprueba cualquier tipo de actividad sexual que satisfaga de forma adecuada [y ética] tus deseos individuales, ya sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales o incluso asexuales”13.

En 1970, el periódico Gay Dealer de Filadelfia, menciona que “la liberación transgénero incluye a travestis, transexuales y hermafroditas de cualquier manifestación sexual y de todos los sexos, heterosexuales, homosexuales, bisexuales y asexuales”14.

En 1971, un artículo que buscaba miembros para Gay Liberation Front publicado en The Florida Alligator incluye que “GLF está abierto a personas asexuales, bisexuales, homosexuales y heterosexuales confusos”15.

En 1972, Lisa Orlando escribe The Asexual Manifesto. Aunque la autora original consta como Lisa Orlando, Barbara Hunter Getz también participó en la redacción del manifiesto aunque luego se retiró de la autoría, por lo que incluyo aquí esta mención. Debido a la importancia que tiene The Asexual Manifesto, es necesario tratarlo específicamente. Aunque no puede usarse actualmente ya que no trata de una identidad sexual, sino de la elección de no relacionarse sexualmente con nadie, es el germen de lo que se comprende actualmente como asexualidad. En este documento, la definición de asexualidad no incluye la masturbación, el afecto físico ni la sensualidad, mientras presenta el celibato y ser antisexual como características rechazadas, lo que se asemeja a la comprensión actual que se tiene de la asexualidad. Además, se rechaza el término célibe debido a sus connotaciones religiosas. Y quizá todavía más importante, se menciona que las relaciones sexuales no son necesarias para tener una vida plena y satisfactoria, no son esenciales para la cercanía en las relaciones afectivas ni son la expresión máxima de intimidad, se pueden tener relaciones edificantes donde no haya relaciones sexuales, no son equiparables a la necesidad de afecto, se puede expresar afecto físicamente sin que exista excitación sexual y las mujeres que no tienen interés o que no llegan al orgasmo, no son poco adecuadas ni frígidas.

En 1973, Barnard College celebra una conferencia feminista en la que, en un acto llamado “Diálogo lésbico/feminista”, se pide a los asistentes que elijan una etiqueta de una lista de identidades: Heterosexual, lesbiana, gay, marimacho, femenina, asexual, antisexual, …, otra, etc16. Una foto de la pizarra se publica más tarde como parte del ensayo “Lesbian Dynamics” de Fran Pollner en off our backs. En otro ensayo de off our backs titulado “Tu propia etiqueta”, Frances Chapman escribe: “asistí al taller sobre asexualidad dirigido por Barbara Getz. Según Barbara, la asexualidad es una orientación que considera a la pareja como no esencial para el sexo, y al sexo como no esencial para una relación satisfactoria”17. En ese mismo año, en un número de una revista lésbica autoeditada llamada Lavender Woman, se escribe: “Quiero que flexibilicemos nuestra definición de lesbianismo para que las bisexuales y las asexuales y las recién llegadas puedan ser aceptadas en las comunidades lésbicas sin tener que demostrar que son dignas de confianza, en la cama o de alguna otra manera”18.

En 1974, se discute sobre asexualidad en la revista Rolling Stone.

En 1977, Myra T. Johnson publica “Asexual and Autoerotic Women: Two Invisible Groups” en The Sexually Oppressed. En ese texto, estableció el termino asexual para personas, basándose en la ausencia de relaciones sexuales y falta de atracción sexual.

En 1978, la editora literaria de Gay News, Alison Hennegan, afirma que las personas tienen derecho a “no ser sexuales en absoluto”. También señala que “hay argumentos de peso a favor de la Liberación Asexual”19.

Entre los años 1979-1981, Michael Storms establece la asexualidad como una orientación sexual en su modelo, aunque la definía como ausencia de fantasías eróticas y estímulos eróticos que excitasen a la persona.

En 1981, Catherine Kobaly escribió una carta al periódico feminista Heresies porque no se había sentido representada en un artículo que no incluía la asexualidad. También expresa que una mayor visibilidad asexual en una publicación como Heresies beneficiaría a las comunidades asexuales porque les facilitaría encontrarse y hablar sobre formas de combatir la acefobia y la vergüenza interiorizada. En sus palabras, “si podemos atacar estos sentimientos de vergüenza de raíz y deshacernos de ellos, entonces creo que veremos que hay tantos asexuales en el mundo como heterosexuales y homosexuales, que nuestro estilo de vida, aunque no sea nuestra elección, es igual de real y válido, y que merecemos una representación justa y equitativa”20.

En 1983, Paula Nurius publica “Mental Health Implications of Sexual Orientation”, donde estudia la asexualidad basándose en las relaciones sexuales mantenidas y en el interés en mantenerlas. Aunque la definición de asexualidad no es la actual y que aplica de manera externa la identidad asexual, Nurius encuentra que las personas asexuales pueden practicar menos relaciones sexuales y desear menos mantener relaciones sexuales que las personas alosexuales. Es el segundo estudio científico que ofrece datos empíricos sobre las personas asexuales y evalúa la relación entre orientación sexual y salud mental, puntuando a los participantes según su comportamiento sexual y el deseo de tenerlo21.

En 1985, John Dececco y Michael Shively publican “Origins of Sexuality and Homosexuality”. En este texto, escriben que “los sentimientos y los actos se seleccionan y organizan como una ‘unidad’ -como una orientación sexual particular- mediante el proceso cognitivo de la identificación sexual como bisexual, heterosexual, homosexual o asexual”22.

En 1989, aparece el primer número de “The Alyson Almanac: A Treasury of Information for the Gay and Lesbian Community”. Uno de los términos incluidos en esta enciclopedia de terminología e historia queer es Bambi-sexuality, que se define como “interacción física centrada más en tocar, besar y acariciar que en la sexualidad genital”23. Actualmente, bambi-sexuality es una identidad que forma parte del espectro ace.

En 1993, se publica el libro “Boston Marriages: Romantic but Asexual Relationships among Contemporary Lesbians” por Esther D. Rothblum y Kathleen A. Brehony24.

En 1997, Zoe O´Reilly publica “My life as an amoeba” en el webzine Starnet Dispatches. En este texto, escribe que “hay un grupo continuamente pasado por alto: los asexuales”. Esto daría pie a conversaciones entre personas asexuales. Hoy se considera la primera aparición de la comunidad ace en Internet25.

A finales de los años 1990, Julie Sondra Decker tenía un pequeño sitio web donde tenía una página para despotricar sobre varias cosas que me molestaban. En esa época, hizo una lista de las diez cosas que más le molestaban cuando la gente le decía que no estaba interesada en las relaciones sexuales.

En 2000, se crea un grupo de Yahoo para personas asexuales llamado “Haven for the Human Amoeba”.

En 2001, David Jay funda AVEN.

En 2002, Nueva York aprueba la Ley contra la discriminación por orientación sexual, en la que se indica que “SONDA define la orientación sexual como heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad o asexualidad, ya sea real o percibida”. Esta ley ofrece protección en los casos en que las personas ace son objeto de discriminación bien por su orientación sexual real, bien por lo que el discriminador cree que es su orientación26.

Y por último, un acto de reconocimiento de las identidades asexuales es el caso de Washington, que fue el primer estado americano en reconocer a la asexualidad. Dicha declaración fue publicada el 15 de Octubre de 2019 por la gobernadora Jay Inslee.

Para aquelles interesades en estudios científicos sobre las identidades del espectro ace, se pueden dividir en tres olas. La primera ola de estudios se llevó a cabo para definir el concepto de asexualidad humana, cuantificando su prevalencia e identificando los factores asociados. Tenía un enfoque médico, por lo que estos estudios pueden ser poco recomendables, ya que algunos eran patologizantes. La segunda ola de estudios científicos se centra en la exploración y crítica de las implicaciones culturales, teóricas, sociológicas, políticas y metodológicas de la asexualidad. También se relaciona con la teoría queer y feminista. Y la tercera ola se centra en las experiencias personales de personas del espectro ace y se compone de entrevistas27.

  1. Brotto, L. A., & Yule, M. A. (2017). Asexuality: Sexual orientation, paraphilia, sexual dysfunction, or none of the above? Archives of sexual behavior, 46, 619–627 ↩︎
  2. Andersen, A. E. (1999). Eating disorders in gay males. Psychiatric annals, 29(4), 206-212. Nurius, P. S. (1983). Mental health implications of sexual orientation. Journal of sex research, 19(2), 119-136. Ramsey, G. (1996). Transsexuals: Candid answers to private questions. Crossing Press. ↩︎
  3. Robert Deam Tobin, Peripheral Desires: The German Discovery of Sex (Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2015), 122. ↩︎
  4. Ralph M. Leck, Vita Sexualis: Karl Ulrichs and the Origins of Sexual Science (Chicago: University of Illinois Press, 2016), 71. ↩︎
  5. Magnus Hirschfeld, Sappho und Sokrates (Magdeburg, Germany: M. Sophr, 1896), 6. ↩︎
  6. Christiane Leidinger, “Emma Trosse (1863-1949), verheiratete Külz,” District of Ahrweiler Yearbook (Monschau, Germany: Monschau Weiss-Druck, 2012), 197. ↩︎
  7. Christiane, Leidinger, “Transgressions-Forays through the Life and Work of Emma Trosse (1863-1949),” Invertito, May 7, 2013. ↩︎
  8. Jonathan Ned Katz, “Carl Schlegel: The First U.S. Gay Activist, 1906-1907,” Out History, June 1, 2019. ↩︎
  9. John Lionel Tayler, “An Interrogatory Note on the Franchise of Women, The Westminster Review 167:1 (1907), 475. ↩︎
  10. Ulrike May, Freud at Work: On the History of Psychoanalytic Theory and Practice, with an Analysis of Freud’s Patient Record Books (London: Routledge, 2018), 21. ↩︎
  11. Michael Waters, “Finding Asexuality in the Archives,” Slate, March 6, 2020. ↩︎
  12. Supreme Court of the United States, Richard A. Inman v. City of Miami Writ of Certiorari, 1967, 9. ↩︎
  13. Anton Szandor LaVey, The Satanic Bible (New York: Avon Books, 1969), 70. ↩︎
  14. Michael Waters, “Finding Asexuality in the Archives,” Slate, March 6, 2020 ↩︎
  15. Mike Cahlin, “Gay Front Seeks Campus Recognition,” The Independent Florida Alligator, January 13, 1971. ↩︎
  16. Susan Rennie, “Late Copy,” off our backs 3:6 (1973), 7. ↩︎
  17. Frances Chapman, “Your Own Label,” off our backs 3:5 (1973), 6. ↩︎
  18. Julie Kliegman, “How Zines Paved the Way for Asexual Recognition,’ Them, November 6, 2019. ↩︎
  19. Michael Waters, “Finding Asexuality in the Archives,” Slate, March 6, 2020 ↩︎
  20. Catherine Kobaly, “Letter to Heresies,” Heresies, 4:1 (1981), 94. ↩︎
  21. Paula Nurius, “Mental Health Implications of Sexual Orientation,” Journal of Sex Research 19:2 (May 1983), 119-36. ↩︎
  22. John Dececco and Michael Shively, Origins of Sexuality and Homosexuality (New York: Routledge, 1985), 87. ↩︎
  23. The Alyson Almanac: A Treasury of Information for the Gay and Lesbian Community (Boston: Alyson, 1989), 89. ↩︎
  24. Esther D. Rothblum and Kathleen A. Brehony, Boston Marriages: Romantic but Asexual Relationships among Contemporary Lesbians (Amherst, MA: University of Massachusetts Press, 1993). ↩︎
  25. Zoe O’Reilly, “My Life as an Amoeba,” StarNet Dispatches, May 30, 1997. ↩︎
  26. New York Attorney General, “The Sexual Orientation Non-discrimination Act, ‘SONDA,”” 2002. ↩︎
  27. Woodruff, Elisa Marie, “Wellness in asexual-Identified individuals: The Impact of Social Support and Microaggressions” (2019). Graduate Research Theses & Dissertations. 7789 ↩︎